Por: Victor Alfonso Bonfil Martinez.
Hace 42 años, se desarrolló, lo que hasta hoy marca un parteaguas en la historia de México, un suceso que no debe de ser olvidado por su violento inicio y su trágico desenlace.
Hace 42 años, se desarrolló, lo que hasta hoy marca un parteaguas en la historia de México, un suceso que no debe de ser olvidado por su violento inicio y su trágico desenlace.
Corrían los meses de junio y julio de 1968, jóvenes, la mayoría universitarios y preparatorianos, e incluso los maestros, comenzaban a hacerse escuchar; la razón, rebelarse contra un gobierno totalitarista, que los oprimía, y con el que ya no estaban conformes; un gobierno que entre líneas decía: “…si no estás conmigo, estas en mi contra….”, Gustavo Díaz Ordaz, el entonces presidente, llamaba a estos manifestantes: fascistas, reaccionarios, rojos, anarquistas; en ese entonces, ser estudiante significaba ser perseguido como el peor de los criminales…
Los jóvenes buscaban un cambio, pero no por medio de armas, no por medio de violencia, sino por un medio más poderoso, el cambio de mentalidad en la gente, que ya empezaban a sentir el cambio que ocurría en el resto del mundo.
A finales del mes de agosto, se realizo una marcha importante, que se dirigía al Zócalo de la ciudad, con el fin de hacer un plantón hasta que el gobierno respondiera, esta marcha cobro relevancia por ser la primera donde se insultaba públicamente al presidente Díaz Ordaz.
Las marchas y la inconformidad se iban acrecentando con el paso de los meses. La altamente cuestionada invasión al Colegio de San Idelfonso, donde los soldados ingresaron a la fuerza derribando la entrada principal con una bazuca. Para el mes de septiembre, existía ya un clima de alta tensión entre el gobierno y los estudiantes, para el 13 de ese mes se realizo la Marcha del Silencio; miles de gentes amordazadas marcharon por la ciudad de México, donde lo único que se pudo escuchar fueron sus pasos, y el silencio por la indignación contra el gobierno.
Otro suceso que acrecentó la tensión fue la toma, por parte el ejército, de la máxima casa de estudios, en Ciudad Universitaria (UNAM), y del IPN, esto, a finales del mes de septiembre.
Para el 1 de octubre, el ejército abandonó ambas plazas, pero con los juegos olímpicos en camino, el presidente Gustavo Díaz Ordaz, no podía darse el lujo de que unos jóvenes “reaccionarios” los sabotearan. Se había hablado, desde semanas atrás, de un mitin que se haría en la llamada Plaza de Las Tres Culturas, programado para el 2 de octubre; sería uno de los más grandes que se realizara hasta la fecha.
2 DE OCTUBRE DE 1968.
A partir del medio día se comenzó a reunir gente que ya no eran solo estudiantes, sino también trabajadores, amas de casa, maestros, entre otros, que se unían a la causa del movimiento, en la Plaza de las Tres Culturas. Se tenía planeado que en el mitin, que iniciaría aproximadamente a las 16 Hrs., varios líderes estudiantiles se dirigirían hacia la multitud desde las ventanas del Edificio Chihuahua (un zona habitacional, departamentos), al lado derecho de los asistentes, quedó una iglesia colonial, y detrás de ellos unas ruinas prehispánicas (de ahí el nombre de la plaza). Conforme llegaba la hora para comenzar, entre los asistentes se corría la voz de que soldados se aproximaban a la plaza, esto no se tomó como algo extraordinario, ya que había sucedido anteriormente.
La tarde cayó en la ciudad y dio comienzo la oratoria por parte de los líderes del movimiento; al mismo tiempo se escuchaban los helicópteros del ejército sobrevolar la zona, cosa que tampoco alarmaba. Al llegar el tercer expositor, de cuatro que estaban programados, uno de los helicópteros lanzo dos bengalas verdes, nadie sabía que significaba… Solo instantes después de que las bengalas cayeran al piso, una masa de soldados se abalanzó sobre los estudiantes provenientes de la parte trasera de la plaza (las ruinas), cuando la gente se quiso ir de la plaza, por el lado derecho, otro grupo de soldados bloqueo la salida que había entre la iglesia y el Edificio Chihuahua. Comienzan a escucharse los estruendos de los disparos de las metralletas. Jóvenes comienzan a caer, heridos, muertos la mayoría.
Desde el edificio, los líderes estudiantiles tratan de calmar a una muchedumbre de gente en la plaza que huye despavorida, al fracasar y ver que hay gente muerta, tratan de abandonar el edificio, solo para darse cuenta que un grupo de paramilitares “Los Guantes Blancos” habían bloqueado las escaleras y los elevadores, tomando presos a los jóvenes en el edificio, este grupo armado se acerca a las ventanas y comienzan a disparar. Ante la confusión reinante en la plaza, los soldados se repliegan y contestan el ataque, incluso algunos protegen a los asistentes al mitin. Los Guante Blanco apresan a los estudiantes del edificio y los entregan al ejército. Años después se especuló que este grupo era el Batallón Olimpia, un grupo de seguridad creado exclusivamente para los Juegos Olímpicos.
Al caer la noche, jóvenes eran interrogados, privados ilegalmente de su libertad; mientras que otros cientos yacían en el suelo, muertos por balas del ejército. Para la media noche las ambulancias no se daban abasto para recoger los cuerpos, al mismo tiempo que se cubría la sangre derramada en la plaza con aserrín.
El tiroteo no duró mucho, pero su efecto fue devastador, aparte de los cientos de muertos, otros cientos, simplemente desaparecieron…
La versión oficial dada por el presidente, fue que la trifulca comenzó por culpa de los estudiantes, el ejército solo se defendió y defendió al pueblo mexicano. Saldo de muertes según la versión oficial, 30 personas, entre militares y civiles. Actualmente se sabe que fácilmente, el número de civiles muertos, entre jóvenes, mujeres y niños, supera los 300.
Lo que se supondría seria otra protesta pacífica, terminó como el mayor genocidio en la historia de México, algo que el presidente Díaz Ordaz llamo un “acto heroico”, para detener lo que sería un posible “golpe de Estado” que acabaría por derrocarlo e instituir un gobierno socialista.
Solo dos semanas después, los Juegos Olímpicos de México 1968 se inauguraron, todo en una relativa “paz”, el presidente había dejado claro su punto, quien se metiera con él sufriría las consecuencias.
Los años pasaron, y los hombres responsables se fueron libres e impunes (Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, principalmente, entre otros líderes militares). Ahora la mayoría han muerto, pero la esperanza de justicia, esa no morirá, aunque cada vez sea más remota…
Los jóvenes que muertos en esa fecha, lo único que buscaban era libertad de expresión, forjar un mejor futuro para el país, no quedarse callados ante las inconformidades que en ese entonces existían y que supieran que ideales eran los que se defendían… Gracias a ellos se produjo un cambio, tal vez no de la forma que ellos desearían, pero si se marcó una diferencia antes y después del 2 de octubre de 1968…
Los rostros y nombres se pierden en el pasado, pero los ideales seguirán ahí, y siempre habrá gente que tome la responsabilidad de defenderlos… Y la única forma de pagarles a esos jóvenes caídos esa tarde, es con el esfuerzo continúo de construir una verdadera democracia y un buen futuro para este país…
Totalmente con el punto que tocas Enrique, pero tambien como jovenes tenemos que divertirnos, no en exceso como lo estas dando entender, pero tambien hay que recompensar los triunfos, todo con medida y designando porcentajes en nuestros gastos. Pero excelente tu punto de vista! Felicidades
ResponderEliminar