domingo, 5 de diciembre de 2010

ANIMALES DE LA CALLE; ¿MASCOTAS O CADÁVERES A UN LADO DEL CAMINO?

Marcos Carlín. Fotógrafo de El Juglar
Por: Marcos Carlín.

   Un problema que diariamente afecta a todos los que manejamos y que transitamos por las calles de Juárez es la abundante población de animales callejeros. Este hecho provoca una serie de contingencias que terminan perjudicándonos a todos. ¿Quiénes de nosotros hemos tenido alguna vez una mascota?, ya sea un perro, un gato, un ave, una tortuga, un hámster, etc.,

   Son pocas las personas que se hacen responsables en cuidarlos y darles un hogar, sin embargo hay quienes solo les importa tener momentáneamente una mascota, que después de cierto tiempo, pierde su “esplendor” o su sentido de novedad terminando en la calle. Los dueños hacen muy poco esfuerzo en reubicar en otra casa a la mascota cuando se han cansado de ella, pocos intentan venderla, entonces termina resultándoles más fácil echarla a la vía pública.

   Hoy en día es más frecuente que las personas abandonen perros y gatos sin saber el peligro que esto representa. Estos animales se alimentan de basura, están llenos de parásitos y no llevan un control salubre. Los niños forman parte de un sector poblacional susceptible de ataque pues llegan a ser objeto de mordeduras, persecuciones que podrían derivar un atropellamiento o un simple contagio de infecciones cutáneas.

   El final de estos animales es incierto, pueden terminar cruelmente aplastados en las calles y carreteras, reproducirse sin control, utilizados como objetos de diversión por parte de los vándalos o servidos en un plato por algún vival. Su destino es incierto, pero cambiarlo, nos corresponde a todos.
   Este es un problema de índole social muy grave, pero lamentablemente no nos ponemos a pensar en los alcances de estos actos. El antirrábico de la ciudad posee muy pocos recursos por lo que los animales que son levantados de la calle tienen un camino definido; el sacrificio.
   Evadimos el problema considerándolo algo menor, no vemos más allá de nuestros propios ojos y terminamos siendo tan irresponsables que les dejamos el conflicto a otro(s) sin asumir nuestra propia responsabilidad y educación. Pienso en esto y lo relaciono a cuando tiramos llantas y basura en la vía pública, o cuando nuestro automóvil no está en condiciones adecuadas ocasionando la contaminación del medio ambiente, o cuando rompemos las reglas y fumamos frente a los demás sin saber si a ellos les molesta el cigarro o no.

   No se trata solo de un conflicto en concreto, sino de una dificultad progresiva en la actitud generalizada que nos acarrea más problemas. Siempre nos quejamos de que el gobierno no proporciona al país un nivel de vida decente cuando nosotros mismos no hacemos un esfuerzo por tener una ciudad limpia y ordenada.

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