lunes, 13 de diciembre de 2010

LIEBRES: VÍCTIMAS DE VIOLENCIA


Marcos Carlín.(fotógrafo de El Juglar).

Por: Marcos Carlín

   Cuando me decidí entrar al Club de Periodismo El Juglar, sinceramente, nunca me imaginé que llegaría a escribir sobre este tema, y menos sobre el asalto a dos compañeras de clases. Desgraciadamente, esa pesadilla me alcanzó, y cómo quisiera que nunca más volviese a pasar. Cuando alguien cercano a ti es víctima de la violencia en alguna de sus derivadas, se siente casi como si le hubiese ocurrido a uno mismo, dan ganas de hacer justicia.

   Si nos volteamos y fingimos que no pasa nada, si pensamos que un asalto con arma blanca no tiene tanta importancia como las ejecuciones múltiples o los autos bomba, entonces dichos acontecimientos seguirán ocurriendo y multiplicándose exponencialmente, acrecentándose quizá, en algo que se reproduzca tanto como una plaga de insectos.

   Por cuestiones de seguridad, llamaré a las afectadas; Gabriela y Silvia.
El pasado martes 7 de diciembre de 2010 a las 14:30hrs., Gabriela y Silvia, alumnas de Ingeniería en Gestión Empresarial de 5to. Semestre del Tec de Juárez, acababan de terminar un examen, las dos abandonaban la institución sin saber qué minutos después, serían víctimas del clima de inseguridad que mantiene cautiva a nuestra ciudad.

   Apenas habían cruzado dos calles, se dirigían hacia la esquina del Blvd. Manuel Gómez Morín  y  Av. Tecnológico donde esperarían el autobús Juárez-Porvenir. De pronto, un holgazán carente de inteligencia y valor, pero sobre todo de la capacidad de ganarse la vida honradamente, se atrevió a abordar por la espalda a Gabriela, sacó de entre sus ropas una navaja con la cual amagó fuertemente, presionándola contra su cuerpo, a tal grado de dejarle una marca. Con una voz de “hombre”  amenazó a ambas chicas, las insultó y  las obligó a entregar sus pertenencias.

   Con temor e incredulidad de lo que les estaba pasando por primera vez en sus vidas, sin otra opción más que someterse al acto cobarde de este delincuente, entregaron un celular y dinero. Sin mas preámbulo, el sujeto se alejó de inmediato para continuar probablemente con su fructífera “jornada de trabajo”, o quién sabe, tal vez para ingresar a alguna entidad pública.

  Gabriela comentó que el sujeto tenía una apariencia normal, con ropa tipo sport, de 1.80 metros, complexión  delgada, de tez clara y con barba de candado. Con edad promedio  entre 25 y 28 años aproximadamente. Al parecer no es la primera vez que este tipo asalta en ese lugar, ya que aprovecha el tránsito menos fluido de alumnos y maestros que pasan por ahí entre cada hora.

   En hechos como éste es casi nula la presencia de elementos de seguridad pública que puedan hacer valer algo de justicia. Y no es solo  justicia, porque ni siquiera ellos pueden ofrecerla. Hablo de seguridad, paz, certidumbre de saber que puedes caminar por las calles de nuestra ciudad sin el temor a ser asaltado, secuestrado, ultrajado, o en el peor de los casos,  acribillado por personas egoístas y de mentalidad enferma.

   Mientras estuve platicando con una de las afectadas, realmente me sentí mal por no poder hacer algo, por saber que mi hermana, mi madre o mi vecina, podrían llegar a sufrir una experiencia igual o peor que ésta. Todos estamos expuestos a atravesar este túnel impredecible y oscuro, a veces tan largo que no se puede llegar a ver de nuevo la luz.

   Todos podemos brindar ayuda de muchas maneras, apoya acompañando a tu amigo o amiga a la parada del autobús, si es necesario. Ofrécele llevarlo (a) a su casa si te es posible para que el día de mañana no suceda algo como esto, debemos de protegernos entre nosotros, debemos comprender que  la amistad y el compañerismo no terminan al cruzar la puerta del Instituto.

   Recuerda que  somos una comunidad y por ello debemos estar unidos y trabajar en equipo siempre que podamos. Olvidémonos de las diferencias de cualquier índole, y empecemos de una vez a buscar el bienestar colectivo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

ANIMALES DE LA CALLE; ¿MASCOTAS O CADÁVERES A UN LADO DEL CAMINO?

Marcos Carlín. Fotógrafo de El Juglar
Por: Marcos Carlín.

   Un problema que diariamente afecta a todos los que manejamos y que transitamos por las calles de Juárez es la abundante población de animales callejeros. Este hecho provoca una serie de contingencias que terminan perjudicándonos a todos. ¿Quiénes de nosotros hemos tenido alguna vez una mascota?, ya sea un perro, un gato, un ave, una tortuga, un hámster, etc.,

   Son pocas las personas que se hacen responsables en cuidarlos y darles un hogar, sin embargo hay quienes solo les importa tener momentáneamente una mascota, que después de cierto tiempo, pierde su “esplendor” o su sentido de novedad terminando en la calle. Los dueños hacen muy poco esfuerzo en reubicar en otra casa a la mascota cuando se han cansado de ella, pocos intentan venderla, entonces termina resultándoles más fácil echarla a la vía pública.

   Hoy en día es más frecuente que las personas abandonen perros y gatos sin saber el peligro que esto representa. Estos animales se alimentan de basura, están llenos de parásitos y no llevan un control salubre. Los niños forman parte de un sector poblacional susceptible de ataque pues llegan a ser objeto de mordeduras, persecuciones que podrían derivar un atropellamiento o un simple contagio de infecciones cutáneas.

   El final de estos animales es incierto, pueden terminar cruelmente aplastados en las calles y carreteras, reproducirse sin control, utilizados como objetos de diversión por parte de los vándalos o servidos en un plato por algún vival. Su destino es incierto, pero cambiarlo, nos corresponde a todos.
   Este es un problema de índole social muy grave, pero lamentablemente no nos ponemos a pensar en los alcances de estos actos. El antirrábico de la ciudad posee muy pocos recursos por lo que los animales que son levantados de la calle tienen un camino definido; el sacrificio.
   Evadimos el problema considerándolo algo menor, no vemos más allá de nuestros propios ojos y terminamos siendo tan irresponsables que les dejamos el conflicto a otro(s) sin asumir nuestra propia responsabilidad y educación. Pienso en esto y lo relaciono a cuando tiramos llantas y basura en la vía pública, o cuando nuestro automóvil no está en condiciones adecuadas ocasionando la contaminación del medio ambiente, o cuando rompemos las reglas y fumamos frente a los demás sin saber si a ellos les molesta el cigarro o no.

   No se trata solo de un conflicto en concreto, sino de una dificultad progresiva en la actitud generalizada que nos acarrea más problemas. Siempre nos quejamos de que el gobierno no proporciona al país un nivel de vida decente cuando nosotros mismos no hacemos un esfuerzo por tener una ciudad limpia y ordenada.