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| Marcos Carlín.(fotógrafo de El Juglar). |
Por: Marcos Carlín
Cuando me decidí entrar al Club de Periodismo El Juglar, sinceramente, nunca me imaginé que llegaría a escribir sobre este tema, y menos sobre el asalto a dos compañeras de clases. Desgraciadamente, esa pesadilla me alcanzó, y cómo quisiera que nunca más volviese a pasar. Cuando alguien cercano a ti es víctima de la violencia en alguna de sus derivadas, se siente casi como si le hubiese ocurrido a uno mismo, dan ganas de hacer justicia.
Si nos volteamos y fingimos que no pasa nada, si pensamos que un asalto con arma blanca no tiene tanta importancia como las ejecuciones múltiples o los autos bomba, entonces dichos acontecimientos seguirán ocurriendo y multiplicándose exponencialmente, acrecentándose quizá, en algo que se reproduzca tanto como una plaga de insectos.
Por cuestiones de seguridad, llamaré a las afectadas; Gabriela y Silvia.
El pasado martes 7 de diciembre de 2010 a las 14:30hrs., Gabriela y Silvia, alumnas de Ingeniería en Gestión Empresarial de 5to. Semestre del Tec de Juárez, acababan de terminar un examen, las dos abandonaban la institución sin saber qué minutos después, serían víctimas del clima de inseguridad que mantiene cautiva a nuestra ciudad.
Apenas habían cruzado dos calles, se dirigían hacia la esquina del Blvd. Manuel Gómez Morín y Av. Tecnológico donde esperarían el autobús Juárez-Porvenir. De pronto, un holgazán carente de inteligencia y valor, pero sobre todo de la capacidad de ganarse la vida honradamente, se atrevió a abordar por la espalda a Gabriela, sacó de entre sus ropas una navaja con la cual amagó fuertemente, presionándola contra su cuerpo, a tal grado de dejarle una marca. Con una voz de “hombre” amenazó a ambas chicas, las insultó y las obligó a entregar sus pertenencias.
Con temor e incredulidad de lo que les estaba pasando por primera vez en sus vidas, sin otra opción más que someterse al acto cobarde de este delincuente, entregaron un celular y dinero. Sin mas preámbulo, el sujeto se alejó de inmediato para continuar probablemente con su fructífera “jornada de trabajo”, o quién sabe, tal vez para ingresar a alguna entidad pública.
Gabriela comentó que el sujeto tenía una apariencia normal, con ropa tipo sport, de 1.80 metros, complexión delgada, de tez clara y con barba de candado. Con edad promedio entre 25 y 28 años aproximadamente. Al parecer no es la primera vez que este tipo asalta en ese lugar, ya que aprovecha el tránsito menos fluido de alumnos y maestros que pasan por ahí entre cada hora.
En hechos como éste es casi nula la presencia de elementos de seguridad pública que puedan hacer valer algo de justicia. Y no es solo justicia, porque ni siquiera ellos pueden ofrecerla. Hablo de seguridad, paz, certidumbre de saber que puedes caminar por las calles de nuestra ciudad sin el temor a ser asaltado, secuestrado, ultrajado, o en el peor de los casos, acribillado por personas egoístas y de mentalidad enferma.
Mientras estuve platicando con una de las afectadas, realmente me sentí mal por no poder hacer algo, por saber que mi hermana, mi madre o mi vecina, podrían llegar a sufrir una experiencia igual o peor que ésta. Todos estamos expuestos a atravesar este túnel impredecible y oscuro, a veces tan largo que no se puede llegar a ver de nuevo la luz.
Todos podemos brindar ayuda de muchas maneras, apoya acompañando a tu amigo o amiga a la parada del autobús, si es necesario. Ofrécele llevarlo (a) a su casa si te es posible para que el día de mañana no suceda algo como esto, debemos de protegernos entre nosotros, debemos comprender que la amistad y el compañerismo no terminan al cruzar la puerta del Instituto.
Recuerda que somos una comunidad y por ello debemos estar unidos y trabajar en equipo siempre que podamos. Olvidémonos de las diferencias de cualquier índole, y empecemos de una vez a buscar el bienestar colectivo.
