Por: Samuel F. Velarde.
Sociólogo, Consultor social y profesor del ITCJ.
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| Prof.: Samuel Velarde. |
Tuve el honor de ser invitado por El Instituto de Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Estudios Extranjeros de Busan, República de Corea, para participar en un Congreso Internacional sobre las independencias de América Latina y el Bicentenario de la Revolución Mexicana. Fue un honor para mí representar a mi Alma Mater doctoral, la Universidad de Colima donde estoy por terminar el doctorado en Relaciones Transpacíficas. De México participamos el Dr. Adalberto Santana, director del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM, el Dr. José Luis Talancón director del Campus UNAM en Los Ángeles California y el que ecribe por la Universidad de Colima
En la mesa de discusión se analizaron los alcances, frustraciones e impacto del movimiento armado de 1910 en el México moderno. En lo personal comenté cómo el movimiento revolucionario creó una institucionalidad, una modernidad y un proceso educativo identitario, que a pesar de sus vaivenes, logró cimentar un país moderno y equilibrio político, sin embargo se falló en su arquitectura socio-política. Más allá del evento teórico, el convivir con una sociedad asiática en constante desarrollo, fue una experiencia increíble.
Lo importante de señalar son sus valores confucianos, muy apegados al estudio, a la responsabilidad de cumplir metas, el amor por la familia, al valor que le dan a la amistad. Al esfuerzo que desarrollan para concretizar proyectos. Sobre todo el apoyo a sus académicos, las universidades se unen para sacar adelante proyectos comunes, las empresas, el gobierno y los centros de investigación, se apoyan mutuamente. Por ello se entiende su gran desarrollo tecnológico e intelectual.
Corea del Sur es un país pequeño pero que ha sido un paradigma mundial como país en constante crecimiento, con un ingreso per cápita de 22000 dólares por habitante contra 9 000 de México. Asimismo ha sorteado infinidad de calamidades (la guerra de Corea de 1950-54) pero ha salido adelante, por su gente disciplinada y su esfuerzo colectivo. Entre todos han construido una sociedad ordenada, productiva y sobre todo, con un alto índice de calidad de vida y niveles democráticos.
En fin, fue una total experiencia vivificante que me hizo reflexionar mucho acerca de nuestro burocratismo, de nuestra envidia mestiza y todos los obstáculos que nos desprestigian y nos destruyen como grupo social, como instituciones, incluso como colegas. Pero la experiencia sirve para transmitirla a los alumnos del ITCJ, para inyectarles el interés por el mundo y convertirnos en seres menos localistas y conformistas, ser ciudadanos del mundo, cosmopolitas, abiertos y dispuestos a superar a otros en un plan sano y de crecimiento personal.
Asimismo animarlos a hacer estudios de posgrado en Corea del Sur; excelente país para vivir y estudiar. Más allá de su conflicto actual, es diferente al estrés de nuestra violencia cotidiana.
